miércoles, octubre 31, 2007

Frases de conductores del metro de Londres (II)

Como algunos lectores recordarán, hace algunos meses me tomé la libertad de traducir algunas de las frases más hilarantes de ese estupendo colectivo que conforma el transporte público sobre railes de la ciudad de Londres. Aquí van algunas más:

- Lo lamento mucho. Me habían comunicado que este tren iba a Richmond, pero el personal de señales ha cambiado de idea y este tren ahora se dirige a Parsons Green.
(cinco minutos después)
- El tren del andén tres no va a Parsons Green sino a Richmond. El tren que se aproxima al andén dos no va tampoco a Parsons Green sino a Ealing Broadway. Estos trenes NO van a Parsons Green a pesar de lo que piensen los de las señales.

- Esto es como un anuncio de televisión. Espero que la persona cercana a usted lleve un buen desodorante.

- No podemos arrancar porque algún capullo tiene su p*** mano atascada en la puerta.

Dos especialmente alegres:
- Esto es Green Park señoras y señores, bienvenidos a Grrreeeen Park. Correspondencia con (...) y con la línea Jubilee si están desesperados. Espero que tengan mucho tiempo si deciden coger esa. Esto es es Grrreeeen Park.

- Buenos días a todos y sean bienvenidos a la línea Waterloo and City en este maravilloso día. Este es su... (pausa)... ehm, tren... servicio... cosa, a Waterloo.
(aproximándose a Bank)
- Bien señoras y señores, veo una luz enfrente mío y creo que es la estación de Bank, lo que está bien ¿no? Personalmente esperaba que fuera Calais. A ver si en otra ocasión hay más suerte ¿eh?

Otras dos clásicas de la línea Waterloo:
- Señoras y señores, nos aproximamos a Waterloo, así que creo que después cogeré el tunel del Canal y pasaré el fin de semana en París.

- Buenas tardes señoras y señores y sean bienvenidos a la línea Waterloo and City. A su derecha, muros negros; a su izquierda muros negros. Disfruten de los maravilloso muros negros mientras llegamos a Waterloo. Nos aproximamos a Waterloo, donde este tren finaliza su servicio. A la salida podrán disfrutar de una copa de champagne y de las bailarinas que danzarán para su entretenimiento. Que pasen un buen fin de semana.

Las esperas son cosa común por allí. Pero hacen lo posible por tomárselo con filosofía:
- Vamos a tener que esperar un poco aquí, así que les recomiendo que relajen las piernas. Tranquilos, no me iré sin ustedes.

- Señoras y señores, me temo que vamos a tener que esperar un poco aquí. Me han comunicado que un ordenador se ha caido de la mesa en alguna parte y que todas las señales han dejado de funcionar, así que me temo que estamos atascados.

De mis preferidos:
- Cambio entre las líneas de "Pictoria" y "Vicadilly".

Lo estupendo que es tener un conductor dicharachero se muestra bien en los dos siguientes ejemplos:
- Bienvenidos a Euston. Pueden cambiar aquí a la línea Northern subiendo las escaleras. Pero ¡hombre, es viernes! De manera que vamos a intentar alegrarnos un poco. Buenas tardes señores viajeros... (pausa)... Se supone que tienen que responderme. Bueno, lo diré otra vez: buenas tardes señores viajeros.
(se oyen unos pocos "buenas tardes" de respuesta)
- Vamos, eso ha sido una porquería, casi no les he oido. Puedo mantener el tren aquí parado todo el día, así que venga, otra vez: buenas tardes señores viajeros.
(en este punto se escucha alto y claro "buenas tardes" en todo el tren)
- ¿Ven como no hace daño? Que pasen un buen fin de semana.

- Este es tren del tramo norte de la linea Victoria. Por favor, muevanse hacia el interior del vagón para permitir subir a más gente. (pausa). Muevanse hacia el interior por favor. Es viernes por la tarde, el fin de semana acaba de empezar y a todos nos gustaría irnos a casa. Muevanse hacia dentro para que todo el mundo pueda entrar al tren por favor. Sé que es un poco incómodo pero quién sabe, tal vez conozcan a un nuevo amigo con el que pasar el fin de semana. Presten atención a las puertas.

Y estos de full british humour:
- Al caballero bromista que acaba de enseñar el trasero le sugeriría apuntarse a un gimnasio o al menos ponerse a dieta antes de volver a mostrarlo en el futuro.

- Cuando el caballero que se encuentra orinando en el andén tres haya terminado, por favor, pida un cubo y una fregona al asistente. Gracias.

- Cuando el caballero que se encuentra en el andén cuatro haya terminado su conversación telefónica, por favor, ¿podría decirnos cómo hace para tener cobertura aquí abajo, mientras que nadie más tiene? Gracias.

- ¿Podría la señorita que está bajando la escalera cerrar el paraguas? No suele llover en el metro.

A veces las situaciones que se dan en el metro son curiosas:
- Señoras y señores, lamento el retraso. Acabo de ser informado de que el motivo es que hay gente subida en el techo del tren que nos precede. (larga pausa). Sí, probablemente estén pensando algo parecido a lo que estoy pensando yo, pero eso es lo que me han dicho desde el control.

Fina ironía la que sigue:
- Eso es lo han adivinado: este ES el último tren de hoy. No habrá más trenes. Apílense ustedes. No habrá otro en cinco minutos, que va. Ustedes empujen y puede que lo consigan.

- Cuando abandonen el tren asegúrense de tener los codos preparados para que puedan llegar a la escalera antes que nadie. A propósito, esto era una ironía.
(el mismo conductor poco después)
- Eso es, mátense por los asientos. Total sólo se han pasado sentados todo el día.
(idem)
- No soy un asesino sanguinario devorador de bebés que vaya a tirar el tren a un precipicio. Una sonrisa sería algo estupendo.
(y apostilla)
- ¡Vamos, sonrían! Podría ser peor. Podrían estar volando en un avión y tener una trombosis.

Sin duda alguna unos cracks. Más en versión original aquí.

lunes, octubre 22, 2007

El navío Vasa

Pienso que objetivamente hablando está mal reirse de las tragedias humanas. Sin embargo mi cerebro se revela en ocasiones contra este axioma cuando me recuerdo la historia de un singular navío de la corona sueca bautizado "Vasa" (Wasa).

La navegación nunca ha sido sencilla, y solamente en el siglo pasado, gracias numerosos avances tecnológicos, se puede considerar que se consiguió la supremacía sobre el mar en lo tocante a moverse por su superficie. Pero antes no lo tenían tan facil.

Para ejemplificar esto vamos a retroceder un poco, más o menos hasta el año 1625. Por aquella época Suecia se encontraba en guerra con Polonia, y el rey Gustavo II se encontraba en la necesidad de conseguir la supremacía sobre el mar Báltico. Para ello acordó la construcción de cuatro navíos que se convirtieran en el terror del mar del norte. El primero de ellos fue bautizado como Wasen y se planeaba que fuera superior a cualquier navío visto antes. Es de notar, en palabras del almirante Carrero Blanco, que si bien la navegación ha cambiado mucho en el devenir de los siglos, este prurito acerca de la superioridad de las nuevas naves con respecto a las antiguas no lo ha hecho. En muchas ocasiones ha motivado mejoras y progreso y en otras sonados fracasos e incluso tragedias.

El caso es que el plan se aprobó e inmediatamente se inició la tarea en los astilleros de Estocolmo, y durante tres años se levantó un magnífico navío en ellos, impresionante tanto en lo tocante a artillería como en lo ornamental. De esta manera llegamos al verano del año 1628, con Estocolmo llena de banderas y celebraciones para festejar en viaje inaugural del mayor y más hermoso buque de la corona de Suecia que se hubiera visto nunca. Un vecino cualquiera del Estocolmo de 1628 se habría maravillado ante la arboladura que se elevaba más de cincuenta metros sobre la linea de flotación y las inmensas velas, ante el pan de oro y las numerosas esculturas que jalonaban la popa y proa del navío, y sobre todo ante las 64 portas (todas abiertas para la solemne ocasión) que mostraban cada una la boca de un cañón. Pero muy probablemente ni este vecino ni ningún otro sabían que las pruebas para testear la estabilidad del buque se habían suspendido porque el casco no había resistido la prueba de tener treinta tripulantes corriendo de una borda a otra (no os riais, no había otra manera de hacerlo) y había estado a punto de zozobrar a pesar de estar el barco en el puerto y la mar en calma. Las caras del almirante y de los mandos militares presentes debieron ser un poema.

Pero volviendo a la celebración, llegó el momento de partir, se dio orden de levar anclas, las majestuosas velas del navío se desplegaron, se hincharon y el inmenso Vasa comenzó a alejarse lentamente del puerto mecido por la suave brisa mientras sus cañones lanzaban salvas de saludo. Pero el caso es que, apenas navegada una milla, una racha de viento hizo escorar al barco más de lo recomendable y el agua comenzó a entrar por las portas de la batería inferior, que seguían abiertas. Poco después el Vasa zozobró y se fue al fondo.

Bueno, no parece demasiado impresionante, pero hay un epílogo a esta historia. Puede parecer un poco absurdo decir esto, pero ahora mismo el malogrado Vasa, si bien no consiguió un palmarés militar y marinero demasiado extenso (navegó poco más de un kilómetro antes de hundirse), tiene un inmenso valor histórico. El pecio fue reflotado en 1961 y conservado en un museo. Se rescataron multitud de objetos de toda índole y ahora mismo el Vasa es tan querido por el pueblo de Estocolmo como lo fue en 1628, aunque por razones bien distintas.

Se me ocurren varias reflexiones que hacer acerca de esta historia, pero hoy no me siento demasiado profundo, así que me voy a quedar con la anécdota. No puedo evitar sonreir al recordarla. Y sonrío aún más si cabe porque en la historia de la marina española hay un ejemplo similar; y no es otro que el navío Santísima Trinidad, el cual era un monstro que adolecía de los mismos problemas que el Vasa y que, aunque contaba con más artillería que ningún otro navío de la época, nunca fue una máquina de combate eficiente. En la época de Trafalgar contaba ya con dos reconstrucciones en su estructura, y aún así seguía siendo muy lento y extremadamente inestable.

Estos dos barcos son ilustrativos de un problema histórico. Pero de eso hablaré otro día.
Me voy a comer algo.